Ya lo decía Herman Cain: “El éxito no es la clave de la felicidad. La felicidad es la clave del éxito”. Y esta frase encaja a la perfección en el ámbito laboral. Una persona motivada en su círculo empresarial es aquella que se siente valiosa y, en consecuencia, será más productiva, irradiará energía positiva y su desarrollo profesional será más satisfactorio. Desafortunadamente no todas las empresas consideran la importancia del cuidado e impulso emocional en las personas que forman parte de su organización. Infinidad de empresas creen que la motivación de los trabajadores se basa en los suelos y más al tratarse de un aumento del salario, aunque en realidad se trata de un efecto pasajero. Cuando así sucede, los empleados tienden a modificar su nivel de consumo y a veces se comprometen con planes de pago para adquirir determinados artículos o suelen endeudarse con préstamos para adquirir bienes y servicios que sobrepasan su capacidad de pago. Y, ¿qué sucede en estos casos? Comúnmente al cabo de un mes en promedio, los trabajadores caen nuevamente en un estado de desánimo o desmotivación. La psicología organizacional ha demostrado que lo que más motiva a los trabajadores es el sentirse valorados o reconocidos en el ámbito laboral. Caso concreto sucedió durante uno de los eventos dirigidos a 50 empleados que se mostraban desvalorizados y que habían acudido a una conferencia impartida por UADEN en un prestigioso hotel, donde aprenderían técnicas de ventas para facilitar su desempeño y así levantarles el ánimo. Esa vez, en una sala adjunta se efectuaba otra reunión de trabajo con los empleados de una empresa de ventas, donde la música y el entusiasmo se habían desbordado. Curiosamente aunque se trataba de un evento ajeno, hubo un efecto contagioso con los asistentes de nuestra conferencia. Se sintieron optimistas y entusiastas al sentir la energía positiva que prevalecía en el ambiente. Esta experiencia nos llevó a preguntarnos cómo era posible que los vendedores que contaban con seguro social, seguro de vida, sueldo fijo, laptops, autos para desplazarse a fin de cumplir con sus funciones, así como buenas comisiones y viáticos se sentían desmotivados, cuando el otro grupo de trabajadores que presentaba grandes carencias, no bajó la guardia, sino era muy optimista. Por principio sus integrantes debieron pagar una cuota para formar parte de la empresa y una vez dentro no tenían un sueldo fijo ni prestaciones. Ganaban a base de comisiones y, aun así, se mostraban agradecidos. Literal, se había “puesto la camiseta” y estaban orgullosos de pertenecer a dicha organización. La explicación de semejante grado de motivación se sustenta en lo que se conoce como el “sueldo emocional”. No consiste únicamente en una ganancia económica sino en una plataforma afectiva: el ser reconocido, valorizado, respetado. Para organizaciones de este tipo, el que sus trabajadores se sientan que pertenecen a una familia empresarial es de suma importancia. Empresas de esta clase crean un clima laboral donde sus empleados se sienten importantes, tomados en cuenta y únicos. Saben que en su área de trabajo pueden compartir sueños y objetivos. Se trata de un elemento imprescindible para el éxito empresarial. La Universidad de Harvard así lo ha constatado. En el 2000 realizó un seguimiento sobre las emociones y actitudes en personas que formaron parte de una congregación religiosa. Independientemente de sus creencias individuales, conforme estas personas compartían experiencias y vivencias iban demostrando una lealtad con los otros participantes. Como resultado se sentían “parte de un todo”, bienvenidos y sabían que en su congregación podían compartir una visión espiritual de enorme trascendencia. Encontraron un propósito en la vida muy superior a los aspectos banales como comprarse cierta ropa o cambiar de celular, por ejemplo. Comenzaron a manifestarse felices y más positivos. A la par, sus relaciones afectivas con la familia, amigos y otros círculos sociales se fortalecieron: fueron más amenas, cordiales, agradables y con una disminución clara de los conflictos. Asimismo, hubo una mejoría importante en el aspecto económico, con una evidente tranquilidad monetaria. Y algo que llamó poderosamente la atención fue que la salud de estas personas mejoró sustancialmente, tanto a nivel físico como mental. Muchos ya no presentaban enfermedades con un contenido emocional como es la somatización, desórdenes alimenticios u otros trastornos, sino que reflejaron una mayor fortaleza en el estado general de su organismo. Como vemos, el sentirse valorizado y reconocido en el ámbito laboral o en núcleo social donde uno se desenvuelve nutre las emociones. Es un alimento para el alma; un “salario emocional” sin paralelo que cobija a la persona, la hace sentir única y entusiasmada para visualizar un futuro prometedor y de alto crecimiento. En la medida en que una empresa tome en cuenta aspectos tan fundamentales como lo antes planteados creará alianzas sólidas con sus trabajadores. Sus integrantes se sentirán motivados al saber qué se espera de ellos desde el momento en que se integran al equipo de trabajo. Sabrán que pueden desarrollar un plan de carrera, fijarse metas, tener un futuro y tener una rentabilidad extra. Y esto invariablemente repercutirá en el éxito de la empresa. Al respecto, un estudio de la Universidad de Warwick y del Wall Street Journal con Opener Institute for People concluyó que la motivación repercute positivamente en el desempeño laboral tras detectar que un empleado satisfecho en su área de trabajo será 12% más productivo y 31% más eficiente. Para una persona, ser reconocida cuando sobresale en su actividad es de suma importancia. Y esto es más fácil de lo que se piensa. Ejemplos de ello es el destacar el nombre del mejor vendedor en un listado a la vista de todos o emplear una campana que suene cuando alguno obtenga un logro profesional. Invariablemente este tipo de acciones despertarán el entusiasmo, contagiarán el optimismo e influirán en el estado de ánimo en los demás hacia lo positivo. Todos estos aspectos contribuirán a un mejor clima laboral y al aumento de la autoestima de los empleados. Es como una inyección de adrenalina, de recompensa inmediata y un estímulo para crecer a la par de la organización.

Add Your Comment